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Por Melissa Hernández

Tier es un niño muy activo. Disfruta correr, saltar y jugar al aire libre.
En un inicio, tenía preferencia por realizar actividades precisamente que no implicarán permanecer en mesa, o al menos no durante un tiempo prolongado.

Durante la primera semana se realizó una evaluación de preferencias, lo cual daría paso a realizar una evaluación de reforzadores.
Al poner en marcha cualquier programa, se realiza una evaluación previa para determinar el nivel en términos de porcentaje, en el que se encuentra desarrollada dicha habilidad. En el caso presentado, el porcentaje en el que se encontraba desarrollada esta habilidad fue de 0%
Se inició con el programa de control postural, en donde se comenzó por brindarle apoyo físico total de forma que pudiera adecuar su postura al asiento. El desarrollo de esta habilidad conforma una de las bases a partir de las cuales se irán estructurando otras destrezas.

Sin embargo, la ayuda física no era del agrado de Tier, por lo que se realizó un proceso en el cual se realizaron diversas actividades en juego que implican el contacto directo con las manos en interacción con la terapeuta, de forma que él se adaptara al mismo de forma progresiva. Además se estableció un criterio basado en que Tier fuera reforzado socialmente por aceptar dicho contacto, a su vez también se reforzaba de forma social en contingencia a las aproximaciones conductuales dirigidas al objetivo, como acercarse a la mesa, mostrar interés por objetos que se encontraban en la misma, escoger juguetes de la mesa, hasta llegar a sentarse sin necesidad de que la terapeuta lo llevara de la mano hacia su asiento.

Tier fue avanzando progresivamente, por lo que el apoyo físico total se modificó a una ayuda parcial y posteriormente a apoyo con sombra hasta llegar a que realizara la conducta de forma independiente.
Los apoyos que se brindan dentro del aprendizaje de las diferentes habilidades, forman parte del proceso de moldeamiento.

El moldeamiento se utiliza para desarrollar una conducta objetivo que una persona no muestra actualmente. El moldeamiento se define como el reforzamiento diferencial de aproximaciones sucesivas a una conducta final que se prolonga hasta que la persona muestre dicha conducta. El reforzamiento diferencial incluye los principios básicos de reforzamiento y extinción, y se produce cuando, en una situación concreta, una determinada conducta es reforzada y todas las demás no lo son. A consecuencia de ello, la conducta que es reforzada aumenta y las conductas que no lo son disminuyen por un proceso de extinción. (Miltenberger, 2017)
Actualmente, Tier se encuentra en un nivel más avanzado de esta habilidad en donde se incorpora un criterio de tiempo específico. Al igual que en el proceso inicial, se incorporaron ayudas físicas con el objetivo de reducirlas paulatinamente y Tier ha logrado exitosamente realizarlo de forma independiente.

Tal como se menciona al inicio, en relación al tiempo de permanencia en mesa -el cual era mínimo- se caracterizaba por conductas de escape y previo a sentarse en la mesa, se presentaban conductas de evitación. Entre las conductas de escape, se puede mencionar el hecho de que Tier se levantaba de la mesa y buscaba otras actividades de su interés. Como conducta de evitación se puede considerar la de llorar antes de llevarlo de la mano a su asiento.

Actualmente, Tier disfruta realizar diversas actividades en mesa, tales como jugar con rompecabezas, leer libros, pintar con crayones y témperas, jugar con arena mágica, plastilina, y comer.

Cabe destacar la importancia de que el repertorio de preferencias no se limita a un polo extremo, sino más bien se ve integrado tanto por actividades que disfruta fuera de mesa, como las que disfruta permaneciendo en la misma; ya que todo ello conduce al desarrollo de un aprendizaje eficaz.

Referencias:
Miltenberger, Raymond G. (2017). Modificación de conducta Principios y procedimientos. Quinta edición. Ediciones Pirámide. Madrid, España.