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Por Jessica Gudiel

El fin último de toda intervención para autismo u otros trastornos del desarrollo es la autonomía. La enseñanza de habilidades socialmente significativas permitirá que las personas puedan interactuar de forma independiente con su entorno. Por ello, las actividades de la vida diaria (AVD) representan gran parte de las destrezas que son esencialmente trabajadas dentro de terapia. Según Ayuso (2007) dichas habilidades son conductas rutinarias relacionadas a la supervivencia y la higiene personal o que responden a deberes específicos en función de lo diversos roles que posee la persona. Por lo tanto, acciones como bañarse, vestirse, preparar comida o cepillarse los dientes facilitan el desenvolvimiento de todo individuo en su día a día.

Jacob es un niño de siete años que asiste al programa Atrévete que anteriormente mostraba conductas de evitación y escape al momento de lavarse los dientes. Debido a la resistencia, los padres optaron por cepillarlo solamente por las noches cuando Jacob se encontraba durmiendo. A raíz de esto, se ha planificado una intervención enfocada en el condicionamiento del hábito y la independencia para llevarlo a cabo. La intervención está conformada por las siguientes estrategias:

  • Evaluación de preferencia de estímulos y reforzadores.
  • Registro ABC
  • Reforzamiento Diferencial
  • Moldeamiento y Encadenamiento.

Inicialmente, se evaluaron los estímulos de preferencia y posibles reforzadores para la intervención. Cooper, Heron y Heward (2017) define esta evaluación como un conjunto de procedimientos utilizados para identificar los estímulos de interés para una persona, los valores que mantienen y su potencial como reforzadores. Por ende, realizamos una evaluación de operantes libres y posteriormente utilizamos los estímulos que fueron de su interés como reforzadores de otros programas de fácil acceso como imitación, ecoicas, seguimiento de instrucciones y tactos para estimar su efecto reforzante. A raíz de dichos procedimientos se organizaron los reforzadores según su valoración determinada y se seleccionaron aquellos con mayor eficacia.

A partir de esto, se comenzó el proceso de condicionamiento mediante la estrategia de moldeamiento. Durante las primeras sesiones se utilizó principalmente el juego. De esta manera, se logró establecer la contingencia de reforzamiento. Si Jacob interactuaba con su cepillo de dientes, se entregaba un reforzador tangible (juguetes) junto a reforzamiento social como elogios y cosquillas. Al cumplir con este criterio, se aplicó el reforzamiento diferencial, extinguiendo de forma progresiva los pasos anteriores para reforzar todo mayor acercamiento a la conducta de cepillarse los dientes.

Actualmente, Jacob ha comenzado a cepillarse con mayor independencia y permite que se le dé apoyo puntual para lograr una higiene completa de sus dientes. Como consecuencia, la limpieza bucal se lleva a cabo con mayor frecuencia en el día y sus padres pueden ayudarlo sin temor a que aparezcan nuevamente las conductas de evitación o escape.

El siguiente objetivo es enseñar toda la cadena de conducta que conlleva este hábito de forma independiente, desde colocar la pasta dental en el cepillo hasta utilizar enjuague bucal. Esto se logrará mediante la estrategia de encadenamiento complementada con el moldeamiento y el modelado de comportamientos. Seguramente, Jacob pronto será capaz de llevar a cabo este hábito y muchos más si el trabajo es consistente y en equipo con su familia.

REFERENCIAS

Cooper, J., Heron, T., & Heward, W. (2017). Análisis Aplicado de Conducta. Cádiz: ABA España.

Romero, D. (2007). Actividades de la Vida Diaria. Anales de Psicología, 23(2), 264-271. https://www.researchgate.net/publication/40669013_Actividades_de_la_vida_diaria